Gregorio Sulca no se calla nada. Esta vez damos espacio a sus ataques a la República, a la Iglesia Católica, a la falta de lluvia. Es un viejo fuerte, todavía. Camina sin joroba, entre sus parcelas calladas. Porque cuando la poesía solamente se vive ni se escribe, él dice, a tres mil metros, con un discurso que se le derrama, una parecida obsesión educativa por la consolidación de su proyecto: el Instituto Nacional de Cultura Quechua.

Gregorio Sulca tenía nueve años,  su único mentor era su padre, Ambrosio Sulca Pérez, un genio. Para Gregorio, la envidia de sus hermanos nació en aquella época cuando mezcló el negro con el dorado y azul y le resultó un verde ceda. Desde ese momento su apelativo fue papinco, como un pequeño papá, el preferido, el dócil. Gregorio le debe todo a su padre, hasta el brillo de sus evocaciones, de quien Camino Brent robó ciertas técnicas, por ejemplo el tema de las chozas andinas, reniega.

 

Cada cita, recuerdo o argumento de Gregorio posee una proclama, excusa y exigencia. Del arte textil en Ayacucho no ha sido reconocido su origen, en la familia Sulca, en las manos de mi padre Ambrosio. Hay muchos mediocres endiosados por las autoridades, hay un racismo de mierda especialmente en Ayacucho, nadie me ha respondido nunca qué es arte y qué es artesanía, golpea.

 

Gregorio me explica que arte es creación y artesanía es repetición de ese arte por una tercera persona, así de sencillo. De ese contacto sensible, él dice que ha pasado cosas surreales, esotéricas, paranormales. Desde niño, asegura, ha hablado con animales, también podía matar con los ojos, un día casi maté a mi maestro, luego a mi sobrino. Un curandero descubrió esto, me cuenta, y se lo quitó, y a partir de ahí tenía órdenes que recibía de espíritus, cristales transparentes que entraban por la ventana y le ordenaban. Entre esas disposiciones se le designó un día la base fundamental de hacer una institución. Pero Gregorio caminaba sin zapatos hasta los quince años, así de pobre. Entonces dudó de poder hacerlo, pero lo ha empezado ya.

 

Hoy, el Instituto Nacional de Cultura Quechua tiene dos sedes: una en la ciudad de Ayacucho, un edificio de ocho pisos, y un edificio de dos pisos y seis amplias aulas en la comunidad de Yacuntuma, distrito de Añaicancha, provincia de Vilcashuamán. Un proyecto verdaderamente ambicioso, pero hay ciertas trabas que Gregorio nos relata…

 

Si tú hablas por los quechuas, si tu voz es una protesta, te toman como loco, como subversivo, como resentido social. Entonces por esto empiezo la institucionalización de la cultura quechua, porque si no hay una iniciativa que defienda, promocione, almacene y proteja la cultura quechua, nos morimos.

 

La idea es recuperar la cultura quechua, mostrar su verdadera magnitud, que hasta ahora no se conoce.

Gregorio agrega que es un enigma, que hasta ahora los descubrimientos arqueológicos navegan pero en un laberinto sin salida.

 

El origen de la filosofía quechua no es como plantean los europeos o los lujosos ignorantes que vienen del extranjero sin saber hablar el idioma, quienes nos tratan de demostrar el interés prioritario de ellos que es el racismo, nos tratan de sustentar que el hombre viene del norte, cruzó el estrecho de Bering y luego vino a poblar América.  

 

Las investigaciones de Gregorio sustentan cinco yacimientos líticos donde se demuestra que el hombre viene del sur al norte. Según las pruebas artísticas que él defiende el hombre se dirige al norte y la filosofía azteca es una variante de la filosofía quechua con las mismas ideas y conceptos.

 

Las cosas están mal. No solo se debe escribir, sino institucionalizar el conocimiento.  Los autores morimos, las instituciones no, ellas se quedan para defender y proteger,  esa es la idea del instituto, no bien visto por la religión, claro está, porque cuando se sepa la verdadera historia de la filosofía quechua se va a saber de toda la barbarie de la invasión.

 

Gregorio cita que de 50 millones de indios, la conquista dejó 1 millón 800 y que el tema de las enfermedades y la peste es una mentira. La medicina quechua cura todo.

Gregorio sostiene que ha encontrado voces en Europa, de investigadores serios, que de los cruceros de Lima a Madrid, por decirlo así, se llevaban dos o tres barcos de indios e indias jóvenes, las iban violando para su placer y las mataban luego para comer sus muslos y  pechos, el resto al mar. ¿Y todo esto a nombre de Dios?, ¡no me jodan!, golpea otra vez, y lagrimea: Estoy a punto de probarlo.

Esa es la forma como se ha exterminado a nuestra gente. Hay un escritor boliviano que ya ha mencionado esto en Paris y le dicen “el lobo andino”, ofrece.

 

Todo esto es posible recuperar solamente por medio de la institucionalización. Almacenamos la cultura como fe, quitaremos lo innecesario, pero investigamos. Yo estoy totalmente convencido de que la tecnología quechua es la única que va a triunfar, como le dije a Abimael Guzmán, ¿por qué?, ¿cómo remplazas la andenería? Imposible. Cuando yo participé en una clase de siembra de forrajes y riego me mostraron un video de un territorio agrícola de Europa, un plano donde se ve un riego de inundación, el agua se empoza y no se corre. Pero aquí, mierda, no hay terreno plano en los andes. Si quieres plano haces terrazas, así de simple.  Todo el conocimiento que nos dan es obsoleto, por eso digo que en el Perú se domestica. Como dijo Sigmund Freud, para masturbarnos oralmente.  Y ahora más lo entiendo cuando practico en esta puna. De ahí vengo. 

 

Cada cultura tiene dos historias, nosotros somos los vencidos en nuestro propio territorio, donde se vivieron 20 años de duro terrorismo.  Cuando terminó esto, vino la Comisión de la Verdad, conformada por los amantes de la burocracia de Lima, blanquiñosas que no hablan ni un pio del idioma quechua,  que probablemente abrieron las piernas ganando mucho con sueldos millonarios, vinieron  aquí a escribir y a decirnos la historia falsa a nosotros los protagonistas. Lo que dicen no es verdad, no hablan el quechua, interpretan las cosas al revés, no dicen lo que no les conviene:

 

Que la iglesia estaba metida en Sendero, la iglesia enviaba armas a los senderistas.

 

Los senderistas mataron a 80 niños en mi comunidad, quemados con gasolina. La comisión ha hecho la historia como quiere.  Hay que sacar estas cosas”.

 

Gregorio Sulca en Yacuntuma

Gregorio termina su discurso empuñado. Me explica un ritual sagrado, el cuidado de la vestimenta de la pachamama, en quechua se dice paqan waqaichi: cuidar el agua y sembrar plantas, no cortar árboles, solo sus ramas y con permiso, porque solo de viejos y secos se hace. Enseñanzas vitales, dice, dictadas en un instituto creado en 1975 para defender lo que parece oculto, árboles en lugar de iglesias, filosofía quechua en lugar de iglesias, en lugar de iglesias, cantaremos. Cantaremos.

mgp/tda/2011

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