En un lenguaje emocionado y solemne, el joven autor, John Martínez, ha publicado el poemario “El Elegido” (Casa Katatay Editores), inspirado netamente en la Danza de las Tijeras. Encontramos entre sus páginas la voz de un descubridor que para sí mismo se proclama un máximo respeto a la espiritualidad del TakiOnqoi. A sus metales y caídas de agua. Aquí algunas declaraciones comprometidas y un extracto de su gran viaje.
Puquio
orificio fluvial
líquido de fuego,
es la noche
y ahora el pueblo es la luna apareciendo como un puñal
la Quilla
puquio del cielo
círculo perfecto donde la vía láctea
rehace otra vez la retama
y donde las nubes
—otra forma del agua—
cruzan las manos de la muerte
y suena una vez más
en Ayacucho en el pueblo y en el pedregal
el metal
la Agonía impredecible.
La danza de este poema empieza por la misma dedicatoria, un “pacto entre mis pasados y mi futuro”, como atestigua John. Y ya prepara otro libro sobre los dioses antiguos y divinidades paleolíticas. Con respecto a lo netamente peruano, “me interesa la mitología de Tiawanaco; me gustaría también armar un libro sobre Túcume”.
En una investigación no metódica, Martínez ha presentado este poemario inspirado en un sur ayacuchano que fue para él “una señal más que una planificación”. Dice que llegó a los danzantes y a Ayacucho por trabajo: para realizar diversos registros sobre los danzantes y músicos, que ha viajado con ellos y convivido durante semanas, “desde el 2007, año en el que se filma DANZAQ, cortometraje basado en la Agonía de Rasu Ñiti”. Posteriormente, el poeta ha grabado un documental en 2010 en Andamarca sobre la fiesta del agua. Esperamos mucho verlo.
Le preguntamos también a John si tiene una deuda con los danzantes: “la deuda del agua, del espejo. Lo vital, la verdadera realidad reflejada en otra superficie. No tengo ninguna deuda individual, les tengo respeto, harto respeto”.
“La investigación que hice fue de índole personal, espiritual, no exclusivamente para perfeccionar el lenguaje del libro. Estoy a gusto con el libro, con lo que aprendí. Creo que esto no termina en un poema o en un libro publicado. La cosmogonía y el poder transmitido por los danzantes no es algo transitorio, yo quiero estar siempre atento a lo que pase”, nos termina de contar.
Conversábamos ayer con un amigo en común y justamente nos decía que Casa Katatay Editores está abocada a una “poesía para el desarrollo”, una aún no muy común forma de expresión social nacional y preocupada conciencia peruana. Digamos que con “El Elegido”, estos esfuerzos se concretan, pese a las posibles críticas y las exigentes peticiones de conocimiento y experiencia que se le pueden solicitar a alguien que no encarna, pero transmite en Lima el poder de un danzaq. Estuvimos en la presentación del poemario y comprobamos que al murmuro de un público distraído también lo puede humillar una frase en quechua.
mgp/tda/2011


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