Cultivo de agua y recuerdo de la COP21


tuco

Laguna “criada” de agua de lluvia, creada en 1996 por ABA, por los campesinos de la comunidad de Quispillaccta, Ayacucho. Foto: MAF

Al llegar a París en diciembre del 2015 el puesto de información de la COP21 del aeropuerto de Orly salvó a Marcela Machaca de perderse. Ella es delegada permanente de ABA (Asociación Bartolomé Aripaylla, ABA-Ayacucho), emisaria de su montaña y valle. El viaje de casi 48 horas desde las alturas de Quispillaqta  fue en burro, en bus, en avión. “Poco más que desconcertada tuve que arreglármelo todo y como venga”, escribió Machaca en su pasado informe. Este es un refresco de su crítica y objetivos. La percepción de ABA no ha cambiado.

Con semillas en la maleta y sin inglés ni francés, ABA estuvo allí gracias a la intervención previa de diferentes fuerzas, no solo la más elemental, y ésta no es el dinero. Es el agua (Yakumama) que escucha, habla y da. No es fácil lograr la transmisión de un mensaje sublime y perecedero. “Esa era la importancia de la travesía”, dice Machaca. Es necesario recordar nueve meses después que la COP21 no satisfizo a quienes siembran agua en Ayacucho.

¿Hay secretos que los ciudadanos de Quispillaqta guardan para ellos mismos? Sí, los hay. Son conversaciones privadas en las quebradas, medidas de hectáreas mejor cuidadas, reflexiones en quechua sin grabadora, diálogos de maíz con queso en casas de familias cuyos jefes viajan juntos a la selva para beber ayahuasca y retornan con nuevas ideas y propósitos. ¿A quién o quiénes se encomiendan? No es chamanería, magia negra o hechizo color de tierra, tampoco el resultado de invocaciones prohibidas con sacrificios en el monte. El cultivo y la cosecha de agua son reales.

La COP21 o la Vigésimo Primera Conferencia de las Partes de la Convención Marco de Naciones Unidas sobre Cambio Climático fue adoptada durante la Cumbre de la Tierra celebrada en Río de Janeiro en 1992. El objetivo es y ha sido, supuestamente será, la conformidad con las disposiciones pertinentes de la Convención, es decir, la estabilización de las concentraciones de gases de efecto invernadero en la atmósfera a un nivel que impida el peligro en el ambiente.

Para ABA “lo que en el Acuerdo de París está ausente es la claridad sobre el aprendizaje del mundo no occidental, la promoción de la diversidad cultural y una correspondiente variedad de modelos de desarrollo… El crecimiento económico y desarrollo sostenible son las grandes dificultades para el ecosistema. Los recursos están empobrecidos y limitados, es claro”.

“La experiencia campesina pugna por una armonía con la naturaleza y la correcta valoración de las prácticas ancestrales. El éxito de los rituales de conservación del agua de lluvias se debe a la visión del mundo de nosotros, sus beneficiarios. La ceremonia y el afecto son fundamentales para la regeneración de la vida”, ha escrito Machaca.

A cuatro mil metros de altura así es. La crítica de ABA, y de Marcela Machaca en particular, es la acepción que el mundo moderno tiene frente a los conceptos de ritualidad andina y de cosmovisión. Se les denomina folklore en su conjunto, pero es tecnología renovable, perecedera y de aplicación exclusiva de las comunidades. Reclaman su institucionalidad como conocimiento de poder y práctica.

En Ayacucho se comprende que la crianza del agua es una actividad que debe conocerse, extenderse. Recorrer las 84 casas del valle de Tuco en Quispillaccta no es un paseo de dos días. Recoger sus historias, dejar de lado aquellas de algunos padres de familia que estuvieron presos durante el proceso de violencia, festejar con ellos mismos sus cosechas y fumar para reflexionar en la próxima siembra es una labor nada proporcional a lo sencillo que parece al leerla. Es titánica.

María Fernanda Martínez, licenciada peruana en Comunicación para el Desarrollo, acompañó a ABA en 2015  durante su investigación en “Comunicación intercultural y rescate de saberes y prácticas ancestrales en Quispillaccta” (PUCP). Antes de cualquier intervención o aporte profesional ella recomienda  que “es necesario el entendimiento de la cosmovisión de los ciudadanos a través de un refuerzo conceptual de teorías antropológicas”. Luego es necesaria, continúa,  “la elaboración de manuales de inducción para futuros miembros de la organización o publicaciones institucionales”.

No solo para ABA en Quispillaccta, si los comunicadores abandonáramos nuestras grandes ciudades y nos marcháramos durante un período  al campo, quizás recogeríamos un extracto sensible y valioso y la difusión cultural caería en peso en cualquier tipo de conferencia internacional. Críticas como las de Marcela Machaca no serían necesarias y la tecnología ancestral tendría la importancia que merece, aunque las pruebas sean cristalinas como su agua cultivada.

mgp/2016

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